Conchi Rivero, su firma es su sonrisa.
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Por Fali Lobato.

Hacer una semblanza a una persona no es nada fácil porque sin quererlo tienes que dejar atrás lo subjetivo de tus sentimientos y contrarrestar lo bueno y lo poco “malo” que sea esa persona. En este caso, me vais a perdonar pero de “malo” no tengo nada que contar. Conchi Rivero Lobato es una “mujer de bandera” -una mujer de bandera, es aquella que deja huella allá por donde pasa- y yo ratifico esa definición. No tienes más que cruzarte con ella y con su eterna sonrisa y su espontánea vitalidad, seguro que te alegra el día. Si alguno de los que estéis leyendo este texto y tuvisteis la suerte de conocerla en su etapa adolescente habréis tenido la suerte de conocer a la misma persona tan dinámica y alegre que sigue siendo Conchi.

El tiempo va pasando, pero, quien afianza una actitud positiva, supera con creces los avatares de nuestras vidas. Es su rúbrica, su carta de presentación que siempre presenta impecable cada vez que la ves. Madre y esposa entregada a dar cariño y ánimos a los suyos e incluso cuando a ella, quizá, le haya hecho falta más que a nadie. Persona sincera, leal y sin doble fondo alguno. Puedes pedirle ayuda si hace falta: no se le caerán los anillos por eso. Intuitiva, vital, alegre y apasionada. No me estoy excediendo, es todo evidencia. Mujer laboriosa en la costura, se refugia en ella y mientras tiene una aguja y un dedal en sus manos cose trajes, vestidos, camisas y hasta trajes de flamenca, pero lo mejor que hace mientras faena entre costuras es coser sueños, esos que hacen que la vida sea mejor. No tengáis dudas cuando se os acerque, seguro que os regala una de sus sonrisas y la tendrás en tu mente todo el día.

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