Miguel Ángel García Badia, 37 años al servicio de un pueblo
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Después de años queriendo hacerle una entrevista, esta página me ofrece la oportunidad. Miguel Ángel García Badia, 66 años y cura de Arahal desde hace 35, a los que hay que sumar dos más de diácono. Llegó al pueblo cuando la transición era reciente y ha bautizado y enterrado a vecinos incluso antes de lo que hubiera querido. Cuando lo veo, no sé la razón pero siempre me viene a la mente varias imágenes de su recorrido; son pequeños trozos de su vida en este pueblo, por el que ha peleado tanto, aunque no siempre se ha reconocido.

Uno de ellos ha sido andando por los pasillos del instituto Al-Ándalus, y es extraño porque el recuerdo no tiene edad, sólo impresiones. Los alumnos que elegían Religión como asignatura (en esos años comenzaba a tenerse en cuenta una opcional, la Ética), quería que fuera su profesor. Daba confianza su risa contagiosa y la normalidad con la que aceptaba hasta las dudas más comprometidas de adolescente que tuvieron que lidiar con varios cambios, el personal, el generacional, el político y, el más importante, el social. Dicen de él que es un cura de izquierdas, comprometido, sin pelos en la lengua. Se ha ganado el respeto a base de intentar cambiar las cosas, era el camino más complicado y nos consta que le ha costado algunos disgustos. Pero qué sería de una persona que no sigue su forma de ver la realidad, sobre todo cuando conlleva una buena dosis de fe.

El barrio de la Victoria lo acoge, lo cuida. Y es un cariño recíproco. Siente y padece con sus vecinos pero también se alegra. Uno de los días más tristes de su vida en Arahal es sin duda el día que tuvo que oficiar los funerales de Rafa, Manolín y sus abuelos. El mismo día de ocurrir el incendio que acabó con su vida, Miguel Ángel iba y venía a la calle, situada justo detrás de la iglesia, con la cara desencajada y los ojos vidriosos. Pero se le dibuja una sonrisa cuando los recuerda, alrededor de las actividades de la parroquia. ‘Se criaron aquí, hicieron la Primera Comunión y Manolín estuvo en el Junior’.

Precisamente otras de las imágenes de su vida en Arahal se dibuja en los veranos, cuando camina con los niños saharauis o bielorrusos, 20 años pasando con él los meses estivales. Dice que le dan ‘vida’. ‘Cuando por la mañana me levanto, encuentro la cocina llena de trastos y ropa por todos lados pero que más da’. El resto del año sigue con su trabajo de atención a su pueblo. Le gustan poco las fotografías, es un hombre práctico que prefiere la acción, trabajar para mejorar las cosas pero siempre con ‘esperanza’. Y nota últimamente que en las familias ‘hay mucha falta de cariño’, aunque la doctrina de la iglesia se ha relajado en cuestiones de parejas pero, según él, ‘sigue existiendo mucho miedo’.

El cura Miguel Ángel no es condescendiente porque prefiere predicar con su vida. Y así quiere que siga siendo.

 

 

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