Pepa Gamboa es la esencia del teatro andaluz
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No puedo evitar cuando veo a Pepa Gamboa andar por las calles de Arahal, recordar a su padre, Juan López, cuando al paso acompasado del saludo a los vecinos, paraba y se volvía para dedicarle un comentario, muchas veces jocoso, sobre cualquier tema. Alto y desgarbado, ella heredó esa forma de desenvolverse. Pero la mirada clara y el semblante físico de su madre, Carmen Gamboa, de la que tomó el apellido para destacarlo.

En la actualidad está en Madrid, preparando la obra ‘Los empeños de una casa’ de Sor Juana Inés de la Cruz para la Compañía Nacional de Teatro Clásico y pronto comenzará otra obra en el Teatro Español. Habla tan claro como siempre y denuncia que Andalucía tiene un gran patrimonio humano especialista en las artes escénicas pero tiene que desplazarse fuera para poder trabajar. En esto me recuerda a la autora cuya obra ahora prepara, una mujer culta, que consiguió en el siglo XVII burlar a la Inquisición y seguir con su actividad literaria e investigadora.

Hace poco estuvo en Arahal para dar las últimas instrucciones a la obra ‘Amores y quebrantos de Mariquilla La Revolera y Currito El Apañao’. Y nos contó, como confidencia, que ha sido la única obra en la que ella ha participado como actriz. Ocurrió hace 39 años y su estreno en la pequeña iglesia de Veracruz fue una especie de revolución en el ambiente cultural de la transición arahalense que volvió su mirada hacia el teatro de la mano de un grupo de jóvenes que se atrevieron con uno de los títulos del famoso dramaturgo Alfonso Jiménez, profesor en un instituto de Arahal y responsable de que hoy este arte cuente con historia local propia.

Pepa vuelve para seguir sembrando, lo ha hecho consiguiendo traer un curso de teatro para actores amateur que cada temporada prepara una obra. Lo hace cuando consigue que cualquiera de sus trabajos desemboque en las tablas del Teatro Municipal de Arahal (no estaría mal que llevara su nombre), así han venido de su mano las mujeres de El Vacie. Hablando con ellas, vi la admiración en sus ojos hacia la directora arahalense, todo humanidad y sabiduría. ‘Queremos muchos a Pepa’, sentenciaron, y un atisbo de emoción brilló en sus miradas. Vinieron a interpretar Fuenteovejuna y se notó una vez más la mano de su directora querida.

Pepa es transgresora porque supo convertir el teatro en su vida, lo que para la época en la que le tocó elegir, era una tarea complicada. Es una de las directoras de teatro andaluzas más conocidas. Inició su trayectoria como directora de escena con la creación de la compañía El Traje Artaud, con la que llegó a participar en numerosos Festivales Internacionales. Ha dirigido espectáculos para el Gran Teatre del Liceu, el Teatro Español o el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Ha obtenido, entre otros, el Premio Concordia, el Premio Clara Campoamor y el Premio Escenarios de Sevilla al mejor creador escénico. Y, recientemente, se ha atrevido con otra rama de este arte, ha sido directora escénica en el terreno operístico.

Pero aún así, en Arahal, ocurre como con las madres, por muy alto que llegue una, no dejará de ser la hija peculiar de Juan López.

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